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"El impuesto al azúcar en Reino Unido". Periódico Síntesis. 11.04.2016

Ahora que Reino Unido ha decidido imponer el llamado “impuesto del azúcar” a las bebidas refrescantes, me han preguntado si esto ha significado un asunto importante para los consumidores en México. Recordemos que a inicios de 2014, México impuso un gravamen del 10% de impuestos a bebidas gaseosas y un 8% a bocadillos altos en calorías. La disposición para combatir la epidemia de la obesidad y la diabetes ha dado sus frutos y hoy en día el consumo de estos productos se ha reducido.
 
Y es que en este sentido, muchos voltean a ver el caso de México, Italia y Francia, que han tomado medidas similares, para saber si la disposición puede ser viable o si al final resulta contraproducente. Al igual que en nuestro país, la medida en Reino Unido está destinada a reducir los altos niveles de obesidad infantil, pues las investigaciones realizadas sugieren que los niños británicos de cinco años consumen anualmente lo que equivaldría a su peso en azúcar. Se prevee que de seguir así, la niñez de las próximas generaciones tendría un sobrepeso de 50% para los niños y de 70% para las niñas.

Aunque la resolución entrará en vigor hasta el año 2018, el gobierno ya contempla recaudar unos 660 millones de euros (520 millones de libras) al año. Dinero que el gobierno planea invertir en programas de promoción al deporte en las escuelas. Específicamente, con este impuesto, se verán afectados los fabricantes de bebidas que contengan más de 5 gramos de azúcar por 100 mililitros y con más de 8 gramos, pues el impuesto será cobrado a los fabricantes en vez de exigir un “sobreprecio” a los consumidores. 

Pero no sólo unos cuantos países están optando por esta medida. Organismos internacionales como la Federación Internacional de la Diabetes (FID) propuso que las epidemias de la obesidad y la diabetes se incluyan en la agenda global de la reunión de líderes del G-20 y que no sólo se hable de temas políticos y financieros, pues la enfermedad representa una enorme carga para la economía de los países en la que se gasta entre un 5 y un 20% de su presupuesto para salud (la diabetes tipo 2 está asociada con un alto índice de masa corporal). Si no se hace algo pronto, la FID prevee que para el 2040 uno de cada 10 adultos en el planeta tendrán diabetes y los casos pasarían de los 415 millones en el 2015 a los 642 en el 2014. Como resultado, el gasto destinado a salud en los países, aumentaría.

Obviamente que para poder llevar a cabo estas medidas, los principales obstáculos han sido, como era de esperarse, la industria alimentaria; pero también e inesperadamente, los políticos. Es este el caso de México,  en donde algunos legisladores han pedido que el país rebaje a la mitad el impuesto al azúcar.

Y no sólo eso, lo peor del caso es que activistas pro-impuestos al azúcar han denunciado que las empresas manipulan la información que se ofrece en los envases de los productos ocultando así el contenido del azúcar que muchas veces llega a ser de ocho a quince cucharadas para bebidas de 250 mililitros. Alarmante.

Estamos pues ante un caso de salud global, pero también frente a un serio caso de responsabilidad social. La pregunta que queda en el aire es ¿quiénes deberían iniciar el cambio con el objeto de contribuir a mejorar los hábitos alimentarios de la población, nosotros como consumidores, los gobiernos o las empresas?. La respuesta ante tal interrogante debería ser “todos juntos", sin lugar a dudas.