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"La apuesta por lo natural, sigue en aumento". 28 de Octubre de 2013.


Recuerdo la primera vez que vi una botella de jugo de naranja, con el jugo de color “de jugo de naranja”, un naranja claro, no ese naranja intenso que es imposible obtener de las naranjas recién exprimidas. Me pareció interesante que ya en Londres se estuviera exigiendo a las empresas que las bebidas fueran más naturales y con menos colorantes; o por lo menos, más parecidas a lo natural. Esto fue hace unos trece años. Hoy sigo viendo botellas de jugo de naranja con un color intenso y otras con un color más natural.

El dilema es saber si nos gusta que los colores se vean intensos en las bebidas, o es sólo una estrategia comercial por parte de las empresas. Son las dos cosas. Un color intenso llama la atención y connota salud, vida y realidad. Un color no tan intenso, aunque es más real, es un poco triste y no se ve tan apetitoso. Sin embargo, hoy más que nunca, la población en general está comenzando un regreso a los básicos. Ya no compramos por comprar. El precio que pagamos por un producto está siendo definido tanto por la conveniencia física de los mismos, la funcionalidad del empaque, el valor de marca, la ventaja competitiva y los ingredientes. Sobre estos últimos, se busca que las materias primas utilizadas para hacer alimentos sean naturales, que contengan cada vez menos colorantes e ingredientes artificiales.

Hoy en día son muchos los factores que entran en juego para que compremos un producto de nuestro agrado. Con tanta competencia, las elecciones por parte de los consumidores se van volviendo mucho más complicadas y exigentes. En unos años nos preguntaremos cómo era posible que existieran en el mercado productos con alto contenido de azúcar, lactosa, gluten o grasa. Hoy en día no nos damos cuenta de las cantidades de grasa o azúcar que estamos comiendo, porque en realidad no las podemos “dimensionar”. Aunque podamos ver en las etiquetas las cantidades, no sabemos cuánto es lo más saludable pensando en todo lo demás que hemos comido durante el día.  Recuerdo cuando los alimentos bajos en grasas o en azúcar eran vistos como productos para el público femenino. Hoy en día no se trata de vanidad o de dieta, se trata de salud. Son muchos los productos que tienen cantidades de grasa estratosféricas, y ya no digamos de azúcar. 

Otros de los elementos que se escapan a nuestro alcance como consumidores y de los que en el futuro estaremos mucho más pendientes, son los ingredientes químicos que contienen los alimentos. El boom por lo orgánico que inició hace unos 15 o 20 años será sustituido por una conciencia colectiva por lo natural. La moda y la preocupación de unos cuantos, dará paso a la conciencia colectiva sobre el cuidado de la salud y la responsabilidad social por parte de las empresas.

Son muchos los elementos que los consumidores están demandando. Se acabó el tiempo en el que comprábamos lo que encontrábamos. Ante tanta oferta, tenemos la capacidad de elegir entre una gran cantidad de productos de calidad y con ventajas competitivas muy específicas. Lo natural y lo funcional, van de la mano en esta época, además del precio. Ante tanta demanda, el precio de los alimentos naturales y sin ingredientes artificiales seguirá bajando hasta que las opciones en los anaqueles sean solamente éstas y entremos ante una nueva demanda de artículos con características nuevas y mucho más específicas.