Translator

"Consideraciones sobre precio, marca y calidad". 18 de Noviembre de 2013.



El precio de un producto ha sido, generalmente, asociado con su calidad. Es así que a mayor precio, se percibe una mayor calidad y un precio bajo comunica una menor calidad. 
 
Sin embargo, considero que lo anterior no es una regla que hoy en día se tenga que seguir usando. No todo lo que tiene un precio alto, posee una gran calidad. Hace algunos años, la calidad se podía ver, se podía sentir, no era necesario ver la marca. Desgraciadamente, se ha perdido la habilidad para diferenciar un producto de calidad, del que no la tiene. La invasión de marcas y de productos, ha llevado al consumidor a decidir más por marca, que por calidad. Muchas veces seleccionan un producto por tres motivos: por su calidad, por la marca, o sólo para demostrar poder adquisitivo. También, se puede elegir un producto, por las tres razones anteriores. Sin embargo, hablando en términos más simplistas, ¿de qué sirve gastar una cantidad excesiva de dinero, si con el producto adquirido no se tiene la calidad que se ha estado buscando?.

Esta última, parece ser una pregunta que se han dejado de hacer muchas personas. Es mucho más fácil y rápido pensar que se ha comprado algo de calidad con una marca, que hacer un análisis real del producto; o demostrar poder adquisitivo con ella, que esperar a que la gente “adivine” que lo que se compró posee una excelente calidad y que el precio que se pagó por el producto, fue alto. Es por eso que vemos a tantas personas portando artículos con la marca visible. Entre más visible sea, mejor. Muchas empresas incluso han llegado a poner la marca en diferentes lugares, para que por todos los ángulos, y con un color contrastante al del fondo, se pueda ver la marca; en el caso de chamarras por ejemplo, en la solapa, en la parte de la espalda, en la manga y en la parte del pecho, todos en un mismo producto. El resultado, es que el consumidor se vuelve una publicidad gratuita y ambulante para la empresa que fabricó el producto. Lo peor es que el consumidor no se da cuenta de ello; y así anda por la calle, mostrando por meses o años, el producto adquirido, sin que nadie le pague por la publicidad que está haciendo.

Lo peor es cuando, después de pagar un precio excesivo por un producto “de marca”, empiezan a salir copias piratas por ahí, y el consumidor ya no goza de exclusividad, sino que ya parece que se uniformó con las demás personas que adquirieron el mismo producto a precio normal, y los que lo adquirieron a un precio “pirata”. Aquí es cuando la marca ya se ve afectada. Una persona que puede pagar un precio alto, también busca exclusividad y si la marca ya no se la puede dar, buscará otras marcas que sí se la den.

Esperemos que llegue el tiempo en que los consumidores utilicen más sus habilidades para comprar productos de calidad y no sólo productos con un precio alto. Que no se dejen llevar sólo por la marca del producto y que analicen más los materiales utilizados, los acabados, la durabilidad, funcionalidad y el origen de los productos. De esta manera nos beneficiaremos todos. Cuando empezamos a exigir resultados por lo que pagamos y calidad por el dinero que gastamos, las empresas empezarán a asignar precios justos a sus productos. Compraremos artículos de calidad, que satisfagan realmente nuestras necesidades, dejaremos de comprar marcas y de servir de publicidad ambulante para las empresas.