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"Comercio justo, pero para todos los productos". 13 de Mayo de 2013.


Qué pena que un asunto tan triste como lo ocurrido en Bangladesh, haya sido el detonante para que como consumidores, nos interesemos más por el origen de los productos que consumimos.
 
Después de la muerte de casi 1000 personas en el colapso de una fábrica de ropa de moda en Bangladesh, se habla de que los consumidores ya están demandando un “comercio justo” también para la ropa; tal y como ya se ha venido haciendo desde hace algún tiempo con los alimentos. El Fair Trade (o Comercio Justo) es un movimiento que agrupa organizaciones que trabajan con el propósito de asegurar acuerdos  justos para los productores, al mismo tiempo que establecen reglas internacionales para el comercio justo y asesoran a los productores sobre estos mismos asuntos. De hecho, el movimiento es bien conocido tanto en Estados Unidos como en Europa y muchos consumidores buscan aquellos productos que cumplen con las normas establecidas por el organismo.

Preocupados por lo que sus consumidores puedan pensar, en cuanto el lugar, las condiciones laborales y ambientales de quienes fabrican sus productos, algunas empresas han empezado a dar información al respecto y otras ya lo venían haciendo con anterioridad. Tal es el caso de la empresa de cosméticos Lush (http://www.lush.mx/) y PrAna (http://www.prana.com/life/sustainability/), sólo por citar sólo algunos ejemplos, quienes en sus páginas de Internet muestran cómo y en dónde son elaborados sus productos, así como las relaciones de ayuda que han establecido con otros organismos y/o comunidades. Y es que después de lo sucedido, los consumidores están tomando conciencia de la manera en la que se están produciendo algunos productos y de los costos que otras personas han tenido que pagar para que contemos con productos a bajos precios y que ahora se han denominando “Fast Fashion” (haciendo alusión a la comida rápida).

¿Qué más tendrá que suceder para que nos preguntemos si la gran cantidad de cosas que compramos realmente merece el sufrimiento de los demás y el deterioro del medio ambiente?. Definitivamente, más del 50% de las cosas que compramos no nos son indispensables. Muchas de ellas cumplen con propósitos más bien banales que indispensables.

Creo que como consumidores también podemos contribuir al mejoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores y del cuidado del medio ambiente. Esto, si a la hora de comprar elegimos primero los productos de aquellas empresas que sabemos ofrecen mejores condiciones laborales y estrategias ambientales favorables para el planeta. También, si cuando compramos adquirimos solamente las cosas que realmente necesitamos, evitando así contribuir con la acumulación de desechos sólidos.

La situación no es nada fácil y se torna más bien compleja para las empresas, pues con estas demandas por parte de los consumidores, los precios de los productos se podrían encarecer, tal y como sucede ya con los productos orgánicos. Sin embargo, las marcas tienen que buscar un justo medio para ofrecer a sus consumidores productos que cumplen con los nuevos estándares que se están demandando y asegurarse que sus utilidades no se vean comprometidas.

Después de todo, y a pesar de las empresas, como consumidores, también tenemos el derecho de elegir lo que nos parece más justo.

Buen inicio de semana para todos.


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