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"Una mirada a China". 21 de enero de 2013.

Aunque la economía China registró un breve crecimiento en 2012, el gigante es sin duda uno de los mercados más importantes y deseados del mundo. Para muchos, un país marcado por la desigualdad social y la contaminación. Mientras que para otros, la oportunidad de poder llegar a una extensa población y crecer considerablemente.

Durante 30 años, el país asiático atrajo a inversionistas del sector manufacturero por los bajos costos de mano de obra e infraestructura relativamente desarrollada con la que contaba. Después de haber sido por décadas un país manufacturero, China está interesada en atraer la inversión internacional. Sin embargo, entre los retos que tiene que sortear para tener un lugar predominante en la escena mundial, están el frenar la desigualdad social y resolver el problema de la contaminación que existe en sus ciudades.
Datos de las Naciones Unidas señalan que un 13 por cierto de la población China vive con 1.25 dólares diarios, mientras que a la par existen 251 multimillonarios y dos millones 700 mil millonarios en ese país. Lejos de detenerse, se pronostica que esta tendencia siga en aumento. Por otro lado,  la creciente contaminación que se vive en las principales ciudades, sitúan a China como un país irresponsable ante la creciente demanda global por el cuidado del medio ambiente. La Organización Mundial de la Salud ha determinado que tener 25 microgramos de partículas menores a 2.5 micras en el ambiente, lo hace seguro para los habitantes. Sin embargo,  Beijin ha registrado 886 microgramos de partículas de este tamaño por metro cúbico, registros que la sitúan con el nivel más alto de contaminación jamás registrado.
A pesar de lo anterior,  muchos inversionistas y empresarios están buscando la posibilidad de hacer negocios en China. Y es que las poblaciones de Pekín y Shanghai llegan a ser a veces más grandes que las de Australia, Chile o incluso Grecia, Bélgica, Hungría y Suecia juntas. Además de poseer ciudades con ingresos percápita mayores que los de Brasil, según Euromonitor Internacional. Es por esto que para aquellos que buscan expandir sus negocios, entrar al mercado chino con éxito, representaría un crecimiento exponencial para sus empresas.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Estar en el gusto de los chinos puede tener un final amargo. Tal es el caso del vino de Burdeos, que después de haber sido el más caro del mundo y de que su precio en 2006 creciera un 35% como resultado de un auge favorecido por la preferencia de los consumidores chinos, sus precios se desplomaron. Esto como consecuencia de que estos mismos consumidores se cansaran de ellos y centraran su preferencia en vinos más exclusivos, como los de Borgoña, de los cuales se producen 3,000 botellas al año, frente a las más de 800 millones que se producen de  Burdeos. La moraleja: piénselo dos veces si quiere estar ahí, todo representa un riesgo.
Mientras tanto, para el gobierno chino sigue siendo importante que se invierta en su país. De hecho, señaló su interés en promover oportunidades de inversión en áreas como energía alternativa, biotecnología, tecnología de la información  y fabricación de equipos de alta calidad. Para aquellos interesados en invertir en estos sectores, será fundamental contar con mano de obra calificada, por lo que no sería descabellado iniciar con capacitación al personal local, antes de iniciar operaciones.