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"El futuro del libro". 16 de abril de 2012.


Hace 16 años, Geoffrey Nunberg compilaba el libro que llevaba el nombre que hoy lleva esta columna. Con un epílogo escrito por Umberto Eco, 11 expertos debatían capítulo a capítulo sobre si las bibliotecas, los libros impresos, las librerías y las editoriales tradicionales serían sustituidas por instituciones y documentos electrónicos.

Hoy en día, el futuro del libro no es más un debate. A diferencia de lo que ellos predecían hace más de 15 años, actualmente somos testigos de su proceso de transformación. Gracias a los nuevos diseños en cuanto a dispositivos electrónicos, ya no será necesario hacer impresiones de libros y revistas. Aunado a lo anterior, el interés por preservar el medio ambiente y disminuir el aumento de los desechos sólidos, hará que las impresiones de los libros disminuyan tanto que estén a punto de la extinción. Sin embargo, considero que el libro no desaparecerá tan fácilmente. Sí disminuirá su disponibilidad, pero el libro impreso seguirá existiendo. Cada ejemplar será valiosamente cuidado, digno de ser adquirido y conservado, debido a su escasez. Muchas de estas reliquias formarán parte de los museos o serán elaboradas para rendir homenaje a ciertos autores o conocimientos. Eso sí, serán ya pocos los ejemplares que veamos y muchas menos las editoriales que existan. Aunado a lo anterior, habremos muchos que pagaremos por la “experiencia” de hojear un libro, sostenerlo en nuestras manos y oler la tinta sobre el papel.

Hace unos días recibí la carta del editor en jefe de una de las revistas a la que estoy suscrita. En esta carta nos comentaba a todos que muy pronto pasarían de ser una revista impresa a una electrónica y que en esta edición empezaríamos a ver los cambios, el futuro. Y en efecto, habían hecho muchos cambios, y lo que me encontré ya no fueron reportajes de dos o tres páginas, sino síntesis de noticias. Una serie de notas, alrededor de 10 por página, de lo último en los negocios. ¿Será que además de que hemos perdido el interés en el conocimiento, tampoco tenemos tiempo de leer?, o más bien será que nos están mal interpretando y no es esto lo que muchos lectores estamos deseando encontrar en los “nuevos formatos”. Muchos de nosotros todavía queremos hacer nuestras propias conclusiones después de leer un reportaje o una entrevista y creo que se nos está quitando ese derecho.

Desgraciadamente, tanto libros como revistas, no sólo está sufriendo una transformación en cuanto a su formato, sino también en cuanto a sus contenidos. Y es que muchos libros y revistas están pasando a ser más imágenes que texto, más síntesis que análisis, más concreción que reflexión. Y no es que piense que tener imágenes y ser concretos sea malo; al contrario, gracias a la concreción, muchas más personas pueden tener ahora acceso al conocimiento y asimilar más rápidamente este cúmulo de información. Sin embargo, no hay que perder de vista que antes los libros nos hacían imaginar, inventar una imagen en nuestra mente; ahora ya tenemos la imagen junto al texto, y no hay nada que crear. También nos hacían reflexionar; ahora, la reflexión ya está hecha, alguien más la hizo por nosotros. Ya no hay qué razonar.

Considero que los contenidos de libros, revistas y periódicos, sin importar el formato en que estén elaborados, deberían seguirnos ayudando a imaginar, a reflexionar, a razonar. Nadie debería impedirnos disfrutar de esa experiencia.