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"Educación para el consumo: consumidores responsables". 4 de julio de 2011.

Hay quien dice que las necesidades son un invento de los especialistas en mercadotecnia; sin embargo, nosotros pensamos que las necesidades existen y que  hay que satisfacerlas. Estoy de acuerdo con la última  afirmación, pues quienes vamos a las tiendas a comprar somos nosotros y nadie nos obliga a hacerlo. Incluso, después de que sale al mercado un nuevo producto estamos pensando en las modificaciones que podríamos hacerle, si fuera de otros colores, si no tuviera cables, si fuera más grande, si hubiera para niños, si fuera más resistente, etc. Y si no queremos hacerle modificaciones, estamos pensando que necesitamos ciertas cosas que no existen en el mercado, o que no hemos encontrado aún: unos tenis que no sean los típicos blancos para hacer ejercicio y que sean más vestidores y cómodos, un shampoo que nos ayude a tener volumen en el cabello y que al mismo tiempo nos ayude a combatir la caspa, o un reloj a prueba de raspones y trato duro, pero que no se vea tan tosco; en fin, cada día surgen nuevas necesidades que hay que satisfacer y lo cierto es que quien compra y va a las tiendas somos nosotros, nadie más. Si los productos no se vendieran, simple y sencillamente saldrían de las tiendas. Así de sencillo.

“Gracias a estas necesidades”, los supermercados y tiendas están repletas de un sin fin de opciones, la pregunta es si necesitamos tantas cosas. Personalmente, no lo creo así. Creo que hemos abusado de las industrias y las opciones que cada día están más a nuestro alcance, vienen de China, Japón, India, etc, etc., y lo peor de todo es que están disponibles a precios mucho más accesibles que antes. Nuestras casas están llenas de cosas que realmente no necesitamos y que a veces nunca usamos. Cambiamos los adornos del baño y de la sala tres o cuatro veces al año, las cosas que fueron reemplazadas por otras se guardan en las bodegas de las casas y  en el mejor de los casos las regalamos; sin embargo, casi siempre van a parar a la basura después de que estuvieron guardadas por años esperando a ser usadas nuevamente y a causa del paso del tiempo, se deterioraron.

Hace algunos años vi un video muy interesante que me dejó pensando sobre estos asuntos y que aún hoy en día está más vigente que nunca. El video se llama “la historia de las cosas” y aunque es un video en inglés, por las ilustraciones que contiene y por la forma en que está explicado por la autora, se puede descifrar muy bien su contenido: http://www.storyofstuff.com/. Lo invito a ver este video y a reflexionar sobre la forma en que estamos consumiendo actualmente en nuestros países. Estados Unidos vive una crisis económica nunca antes vista y aunque los ciudadanos americanos se quejan de ella, todavía tienen el poder adquisitivo para seguir comprando cosas sin control alguno, para seguir desarrollando un sinfín de opciones y para ofrecer al mundo gran cantidad de artículos que ya no son exclusivos de su país.

El consumo responsable debe empezar por nosotros mismos. Opciones siempre van a existir, pero como ya lo he comentado en otras columnas, quienes compramos y decidimos lo que se ofrece en las tiendas somos nosotros. Optemos por las cosas más duraderas, las que realmente nos sirvan la mayor cantidad de tiempo y que no solamente estén de moda. Muchas cosas las compramos porque están de moda y después ya no nos sirven o las queremos remplazar por otras más “modernas“. Optemos por lo clásico y duradero, lo que no pasa de moda. Escojamos también  artículos que no causen daño al ambiente o que estén en pro de su ayuda.  Desgraciadamente, hoy en día este último tipo de productos, son un poco más caros, pero con el tiempo, su costo se irá reduciendo y habremos iniciado el camino para que las industrias ofrezcan más productos de este tipo y el esfuerzo habrá valido la pena. Dejemos de comprar cosas sólo por que el precio es bajo y seamos más exigentes con la calidad de los productos, de esta manera los artículos que compremos nos durarán más tiempo y no tendremos la necesidad de reemplazarlos.