Translator

"El poder del paladar" 04 de abril de 2011

Esta semana, tuve la visita de un colega; en el poco tiempo que le quedaba libre, quería conocer un poco de Puebla y probar la gastronomía mexicana.  Todas las personas que lo conocieron y que sabían que venía de España le decían: “¿ya fuiste al centro?”, “¿qué te pareció el zócalo?”, “que te lleven a Cholula”, “tienes que probar el mole”, “hoy es temporada de escamoles”, “¿ya probaste el pipián?”; en fin, una serie de lugares que tenía que visitar y platillos que tenía que degustar. Entre las muchas sugerencias, un día alguien le dijo que tenía que probar la cerveza “X” (omito el nombre para evitar mostrar alguna preferencia o rechazo, pues no es el motivo de esta columna). No sabía que a partir de ese momento, cada visita a un restaurante significaría la búsqueda de la dichosa cerveza.
Así es que mi amigo, al llegar a cada restaurante preguntaba: ¿tiene la cerveza “x”?. Las primeras dos negativas, no llamaron su atención, pero a partir de la tercera o cuarta, me atacaba con preguntas si sobre eso estaba bien, o mal, o por qué no estaba la cerveza  cuando yo ya le había explicado que era una marca de las muchas que tiene una de las dos cervecerías más importantes de México. El hecho es que en todos los lugares que visitamos estaban las cervezas de una de estas dos compañías y de la otra, no había ninguna. Yo le explicaba que probablemente era un acuerdo entre el restaurante y la empresa con respecto a la exclusividad, que tal vez tenían un convenio y que probablemente, había dinero en juego. Pero él me decía: “¿y yo qué?, ¿A mí no me toman en cuenta?. Yo quiero tener la posibilidad de probar la cerveza que yo quiera”… Y es que lo de menos hubiera sido pararme en una de las muchas tiendas de conveniencia  y comprarle una cerveza para que la probara; pero muchas veces, tomar una cerveza no se trata de solo de eso, sino de tomarla acompañando una buena comida mexicana.
Ante tal situación, queda la reflexión para nosotros como consumidores: Si la mercadotecnia trata de todo este conjunto de estrategias para satisfacer las necesidades o deseos de los consumidores, ¿qué hacer cuando no se nos están dando lo que pedimos o lo que queremos?, ¿cómo debemos exigir que nos den lo que estamos buscando?. Una opción para demostrar nuestra molestia  ante el hecho de que no está la cerveza que queremos, sería levantarnos de la mesa y retirarnos para que sepan que es muy importante para nosotros  y que en lo sucesivo, “deben” tenerla si es que no quieren que nos vayamos. Sin embargo, lo anterior tal vez sea un tanto  radical y al hacer eso nos estaríamos perdiendo de una excelente comida y de un ambiente inigualable. Entonces, ¿a quién le debería preocupar esta situación, si a nosotros no se nos hace tan relevante exigir que la tengan a nuestra disposición?.  A la empresa, definitivamente.
Desgraciadamente, para estas empresas con productos que tienen que ver con el sentido del gusto, el hecho de no lograr tener presencia en todos los puntos deseables hace que los consumidores que alguna vez conocieron sus productos, los olviden.  No  estar en el lugar en que se les requiere, hará que el consumidor adquiera el producto “sustituto” (la segunda opción), se costumbre a este otro producto que sí está disponible en todos lados, se acostumbre a su sabor, le guste y finalmente lo prefiera como primera opción.