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"Aumento en el precio de los alimentos". 26 de abril de 2011.

El pasado 10 de febrero, el Banco Mundial alertaba sobre el aumento en los precios de los alimentos básicos. Entre los que se han encarecido más están los cereales (maíz y trigo principalmente), el azúcar y los aceites comestibles, entre otros. En los países más pobres, las personas gastan hasta dos tercios de su ingreso diario en alimentos y este organismo considera que el aumento tan considerable que se ha dado en los precios, se vislumbra como una amenaza para el crecimiento mundial y la estabilidad social.
Debemos sentirnos privilegiados si al comprar en un supermercado sólo metemos los productos al carrito y no nos fijamos en el costo de estos artículos y en cuánto han subido de precio. De acuerdo con Food Price Watch, esta alza en los precios de los alimentos viene acompañada de un aumento de la pobreza extrema, malnutrición, menor capacidad de aprendizaje y baja productividad entre la población. Lo anterior debido a que las personas más pobres comen menos y compran alimentos menos costosos y menos nutritivos.
¿Estamos preparados para hacer frente a esta situación?. A veces escuchamos noticias como éstas y no nos ponemos a pensar en las consecuencias que traerá para los diferentes países y para nosotros mismos. Según el Banco Mundial, en países africanos, las buenas cosechas han mantenido los precios estables en productos básicos como el maíz. ¿Cómo está México al respecto?, ¿Cómo, el cambio climático ha afectado esta baja en la producción de alimentos y como consecuencia nos ha llevado a este aumento en el precio de los mismos?. En cuanto a la agricultura, es necesario que se desarrollen nuevos tipos de combustible que no dañen más el medio ambiente y que se adopten medidas para adaptarnos al cambio climático. Hace falta investigación al respecto, ideas. Hay mucho por hacer.
A veces, vemos los efectos del alza de precios en los alimentos y del cambio climático como algo ajeno a nosotros, hasta que vemos una disminución en el dinero que traíamos comúnmente en la cartera o sentimos un calor que no habíamos sentido antes, lluvias torrenciales que nunca nos habían tocado o desastres naturales más comunes que antes. Pocas empresas están empezando a hacer su parte, más por moda que por una conciencia real de lo que está sucediendo y de su papel en la sociedad; se promulgan como “verdes” y las cosas que hacen son mínimas comparadas con lo que podrían hacer por el bien de la sociedad. Tomémonos un tiempo para pensar el papel que tenemos en la sociedad y cómo ayudarnos a nosotros mismos a que el futuro no sea tan desolador. Es tiempo de hacer un esfuerzo individual para participar en nuestro propio futuro.
El Banco Mundial no es un ente distante y ajeno y es interesante como quiere hacer participar a la sociedad mundial en esta toma de conciencia. Para muestras, basta un botón y en su página de Internet está solicitando ideas para combatir el hambre en el mundo: http://envivo.bancomundial.org/foro-abierto-crisis-los-alimentos Hoy más que nunca, estar conectados a la red, nos ofrece la posibilidad de poder colaborar por el bien del mundo y decidir, para no ser simples espectadores de lo que otros deciden. Anímese a ser parte de un proyecto que nos interesa a todos, no hay que esperar que nos toque de cerca el problema para participar en acciones que nos ayuden a vivir en un mundo mejor.

"Iniciativas para el cuidado del medio ambiente". Lunes 18 de abril de 2011.

No sé si les pase lo mismo, pero este calor insoportable hace que uno se pregunte a dónde vamos a parar con el cambio climático. Hay muchas iniciativas pero casi no se ven, o no se escuchan para ser exactos. Uno de los 8 objetivos de desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas es garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Esta Declaración del Milenio fue aprobada por 189 países y firmada por 147 jefes de estado y de gobierno en septiembre de 2000 en la Cumbre del Milenio. La meta es ambiciosa y estamos a 4 años de que se revise el alcance de los resultados. Se trata de una alianza mundial en donde se involucran a los países en desarrollo y a los desarrollados, con la intención de formar sinergia entre ellos y un compromiso conjunto para el logro de las metas establecidas.
Este objetivo plantea garantizar la sostenibilidad del medio ambiente mediante una serie de estrategias e indicadores cuantificables. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, junto con otros organismos, está trabajando para que los países en vías de desarrollo consigan la ayuda que necesitan en cuanto al cuidado del medio ambiente. Algunos de estos órganos son el Banco Mundial y el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, quien es directamente responsable del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el cual se calcula en unos $3 mil millones de dólares.
Sin embargo, considero que aunque estas acciones son loables y dignas de reconocimiento, no se ha hecho conciencia entre la población de que la participación de cada uno de nosotros es indispensable para el cuidado de nuestro entorno. Con acciones simples, podemos apoyar a frenar el cambio climático en gran medida. Una de las posibles acciones a las que podemos acudir es la educación para el consumo. Con esto me refiero a educar al consumidor de que las cosas que compra y la forma en que las consume o desecha, contribuyen al deterioro del medio ambiente. Se trata de que estemos conscientes de la manera en que nosotros mismos estamos contribuyendo a que nuestro hábitat esté cambiando. En la medida en que seamos responsables de las cosas que compramos y elijamos los productos que ayuden a la protección del medio ambiente, también las empresas empezarán a hacer las reformas necesarias para cambiar los materiales que usan en la fabricación de los productos que consumimos, muchos de ellos nocivos para el entorno.
También ya hay programas para “adaptarnos” al impacto del cambio climático y hacer frente a los desastres naturales. Estos programas están trabajando con 21 países para desarrollar metodologías, enfoques y mecanismos para hacer frente a la realidad del cambio climático y a las amenazas futuras tales como inundaciones y condiciones climáticas severas entre otros. Espero que estas acciones no sean una constante en los años venideros; porque de ser así, estaríamos hablando de que no hemos sido capaces de tomar una responsabilidad como países, empresas e individuos del daño que nos estamos causando a nosotros mismos.
Si requiere de mayor información, puede entrar a la página de Internet de cualquiera de los organismos que mencioné con anterioridad. Por mi parte, en las próximas columnas hablaré de la educación en el consumo y con ello apoyar de alguna manera al  cuidado de nuestro medio ambiente.

"Denominación de Origen". 11 de abril de 2011

Se le llama denominación de origen al nombre del lugar de procedencia que se le otorga a un producto que se utiliza para garantizar oficialmente que un producto es originario de determinada región o localidad, dentro de un país en particular. Se utiliza para garantizar que el producto viene de ese lugar y por ese motivo, la calidad y características que posee se deben exclusivamente al medio geográfico en donde se realiza y que toma en cuenta los factores naturales y humanos que son originarios del medio en donde se produce.
Los productos no nacieron de la casualidad y la gente se ha ocupado de la producción de bienes cuyo cuidado en su elaboración hacían de éstos característicos de la región en donde se producían. En un momento dado, surgió la necesidad y el derecho de otorgar protección a su titular o productores, contra cualquier persona que no perteneciera a la región y pretendieran producir estos bienes en otros lugares en donde no se habían realizado originalmente.
En este regreso a los básicos de cualquier país o región, me parece indispensable que revisemos nuestras denominaciones de origen y las explotemos por el bien de México. Si bien es cierto que el mercado está lleno de productos originales y aún más piratas, siempre será apreciado un buen producto que se fabrica de manera industrial o artesanal con el máximo cuidado y con los ingredientes característicos de la región.
Es el IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual) es quien se encarga de otorgar las denominaciones de origen en nuestro país. En México tenemos alrededor de 13 denominaciones de origen, algunas ya autorizadas y otras en proceso de autorización. Entre ellas está el Tequila (Jalisco, Nayarit, Guanajuato, Michoacán y Tamaulipas), el Mezcal (Guerrero, Oaxaca, Durango, Zacatecas y San Luis Potosí), Olinalá (Guerrero), la Talavera (Puebla y Tlaxcala), el Chile Habanero (Yucatán), Bacanora (Sonora), el Ambar (Chiapas), el Café (Veracruz), el Sotol (Chihuahua, Coahuila y Durango),  la Charanda (Michoacán), el Café (Chiapas), el Mango Ataulfo (Soconusco, Chiapas), la Vainilla (Papantla), el Café Pluma (Oaxaca) y el Tehuacán (Tehuacán, Puebla).
Como mexicanos, debemos volver la vista hacia lo nuestro y valorar en su justa medida la gran riqueza cultural y gastronómica que poseemos. La denominación de origen es un instrumento que nos servirá para garantizar la originalidad y la calidad de nuestros productos. Tenemos tanto que ofrecer al mundo, que debemos protegerlo de las imitaciones. Para mi gusto, se podrían proteger  algunas variedades de queso, nopal, plantas comestibles como el Chipilín o el Chepiche, el Huazontle, el Chocolate de Oaxaca y Tabasco, la Noche Buena, el Mole Negro de Oaxaca, los Camotes de Puebla, la Jamaica, los Alebrijes de Oaxaca, etc, etc. Ustedes pueden aumentar muchos más, la lista es enorme.
El trámite es tortuoso y los mismos directivos del IMPI lo reconocen, pues hay que acreditar factores de clima, tierra, ubicación geográfica y tradición histórica para demostrar que el producto se debe a esas características. También hay que cumplir con requisitos legales, hacer pagos y llenar solicitudes; reconozcámoslo, no es fácil, sin embargo, vale la pena. No dejemos que se pierda nuestra esencia y mexicanidad. Preservemos nuestra cultura y protejámosla de imitaciones que la desprestigien, nuestros hijos nos lo agradecerán.

"El poder del paladar" 04 de abril de 2011

Esta semana, tuve la visita de un colega; en el poco tiempo que le quedaba libre, quería conocer un poco de Puebla y probar la gastronomía mexicana.  Todas las personas que lo conocieron y que sabían que venía de España le decían: “¿ya fuiste al centro?”, “¿qué te pareció el zócalo?”, “que te lleven a Cholula”, “tienes que probar el mole”, “hoy es temporada de escamoles”, “¿ya probaste el pipián?”; en fin, una serie de lugares que tenía que visitar y platillos que tenía que degustar. Entre las muchas sugerencias, un día alguien le dijo que tenía que probar la cerveza “X” (omito el nombre para evitar mostrar alguna preferencia o rechazo, pues no es el motivo de esta columna). No sabía que a partir de ese momento, cada visita a un restaurante significaría la búsqueda de la dichosa cerveza.
Así es que mi amigo, al llegar a cada restaurante preguntaba: ¿tiene la cerveza “x”?. Las primeras dos negativas, no llamaron su atención, pero a partir de la tercera o cuarta, me atacaba con preguntas si sobre eso estaba bien, o mal, o por qué no estaba la cerveza  cuando yo ya le había explicado que era una marca de las muchas que tiene una de las dos cervecerías más importantes de México. El hecho es que en todos los lugares que visitamos estaban las cervezas de una de estas dos compañías y de la otra, no había ninguna. Yo le explicaba que probablemente era un acuerdo entre el restaurante y la empresa con respecto a la exclusividad, que tal vez tenían un convenio y que probablemente, había dinero en juego. Pero él me decía: “¿y yo qué?, ¿A mí no me toman en cuenta?. Yo quiero tener la posibilidad de probar la cerveza que yo quiera”… Y es que lo de menos hubiera sido pararme en una de las muchas tiendas de conveniencia  y comprarle una cerveza para que la probara; pero muchas veces, tomar una cerveza no se trata de solo de eso, sino de tomarla acompañando una buena comida mexicana.
Ante tal situación, queda la reflexión para nosotros como consumidores: Si la mercadotecnia trata de todo este conjunto de estrategias para satisfacer las necesidades o deseos de los consumidores, ¿qué hacer cuando no se nos están dando lo que pedimos o lo que queremos?, ¿cómo debemos exigir que nos den lo que estamos buscando?. Una opción para demostrar nuestra molestia  ante el hecho de que no está la cerveza que queremos, sería levantarnos de la mesa y retirarnos para que sepan que es muy importante para nosotros  y que en lo sucesivo, “deben” tenerla si es que no quieren que nos vayamos. Sin embargo, lo anterior tal vez sea un tanto  radical y al hacer eso nos estaríamos perdiendo de una excelente comida y de un ambiente inigualable. Entonces, ¿a quién le debería preocupar esta situación, si a nosotros no se nos hace tan relevante exigir que la tengan a nuestra disposición?.  A la empresa, definitivamente.
Desgraciadamente, para estas empresas con productos que tienen que ver con el sentido del gusto, el hecho de no lograr tener presencia en todos los puntos deseables hace que los consumidores que alguna vez conocieron sus productos, los olviden.  No  estar en el lugar en que se les requiere, hará que el consumidor adquiera el producto “sustituto” (la segunda opción), se costumbre a este otro producto que sí está disponible en todos lados, se acostumbre a su sabor, le guste y finalmente lo prefiera como primera opción.